¡Aleluya! Con gran alegría y júbilo les comunicamos que en la reunión de los Señores Cardenales que tuvo lugar la mañana del 20 de abril de 2010, en la Congregación para las Causas de los Santos, presidida por el Prefecto de la misma Congregación, los señores Cardenales por unanimidad expresaron su parecer favorable sobre el milagro de nuestro amado Fundador.Y el pasado 1º de julio de 2010, el Santo Padre Benedicto XVI recibió en Audiencia privada a su Excelencia Reverendísima Mons. Angelo Amato, SDB, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. En el transcurso de la Audiencia, el Sumo Pontífice autorizó la promulgación del Decreto referido al reconocimiento del milagro atribuido a la intercesión de Don Luis Guanella. Esto significa que el camino hacia la canonización ya ha sido completado: La fecha de la canonización será proclamada en el Consistorio de febrero de 2011.
Ahora tenemos más de un año de tiempo para hacer que la canonización del Fundador se convierta en una “lluviecita de gracia” para todos los miembros de la Familia Guanelliana.
Las últimas etapas del proceso para el milagro estuvieron caracterizadas por coincidencias con momentos solemnes para nuestras congregaciones: al joven William le fue colocada la reliquia el día de San José (19 de marzo); la comisión médica se expidió positivamente el 12 d
e noviembre, solemnidad de Nuestra Señora de la Providencia; los teólogos consultores se reunieron para examinar el milagro el 30 de enero (vigilia de la fiesta de don Bosco); los eminentísimos Señores Cardenales dieron su parecer favorable por unanimidad en la memoria litúrgica de Sor Clara Bosatta.
Queremos compartir esta hermosa noticia con los cohermanos y cohermanas de la Obra y con los laicos bienhechores, operadores, colaboradores, y todos aquellos que de una u otra manera, trabajan en la Familia Guanelliana para la difusión del Reino de la Caridad.
Un cordial saludo y numerosos augurios de santidad, cotidiana, simple, humilde, doméstica para todos; no podemos olvidar que “Somos hijos de santos”.
Extraído de las noticias del P. MARIO CARRERA SDC, postulador de la causa
Ahora tenemos más de un año de tiempo para hacer que la canonización del Fundador se convierta en una “lluviecita de gracia” para todos los miembros de la Familia Guanelliana.
Las últimas etapas del proceso para el milagro estuvieron caracterizadas por coincidencias con momentos solemnes para nuestras congregaciones: al joven William le fue colocada la reliquia el día de San José (19 de marzo); la comisión médica se expidió positivamente el 12 d
e noviembre, solemnidad de Nuestra Señora de la Providencia; los teólogos consultores se reunieron para examinar el milagro el 30 de enero (vigilia de la fiesta de don Bosco); los eminentísimos Señores Cardenales dieron su parecer favorable por unanimidad en la memoria litúrgica de Sor Clara Bosatta.Queremos compartir esta hermosa noticia con los cohermanos y cohermanas de la Obra y con los laicos bienhechores, operadores, colaboradores, y todos aquellos que de una u otra manera, trabajan en la Familia Guanelliana para la difusión del Reino de la Caridad.
Un cordial saludo y numerosos augurios de santidad, cotidiana, simple, humilde, doméstica para todos; no podemos olvidar que “Somos hijos de santos”.
Extraído de las noticias del P. MARIO CARRERA SDC, postulador de la causa





esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces. Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida. Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos. Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en «vasijas de barro», y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad. La palabra de Cristo, que hemos entonado como canto de entrada en la liturgia, puede decirnos en este momento lo que significa hacerse y ser sacerdotes: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt. 11,29).






